" Y todo esto, Dios mío, porque mi corazón, que yo creía muerto, estaba solamente amortiguado, porque se ha despertado y ha latido, porque ha cedido al dolor y a la impresión que ha causado en mi pecho la voz de una mujer"
Es una frase sin duda hermosa y que me hizo reflexionar acerca de algo que desde hace tiempo venia rondando mi mente.
Aunque se dice que solo ahora, en nuestro tiempo, la mujer ha obtenido "el valor que merece", nuestra cultura tiene mucho que envidiarle a otras no tan lejanas en siglos pasados. Hemos llegado a tal punto que el respeto, la dignidad y sobretodo los buenos modales se han perdido y han sido remplazados muy rápidamente por actitudes que dejan mucho que desear.
¿Donde están los caballeros?
Si... Donde quedo aquel hombre de antaño que con detalles galantes era capaz de conquistar a una mujer, abrirle la puerta, acercarle la silla, sujetarle suavemente una de sus manos con delicadeza para luego depositar un beso, acompañarla, mirarla a los ojos y recordarle que era la mujer mas hermosa para él.
Una flor, un pequeño paseo, unna sonrisa cómplice, un poema... ¿Ha donde han ido a parar? Quizás, a las paginas de un viejo libro que muy pocos se interesan en leer, en recuerdos del pasado, sueños efímeros y pensamientos distantes.
A lo mejor todo esto, suene a cuento de hadas, pero ¿acaso es imposible realizar estos pequeños detalles?¿Se pide mucho?... No se trata de realizar actos calculados, sin que nazcan verdaderamente del corazón. Deberíamos reimplantar en nuestra sociedad el verdadero valor de la mujer, no solo como persona capaz en condiciones de igualdad, sino también como una persona de dulces sentimientos y noble corazón.
Un hombre, un caballero, es aquel que a pesar de las dificultades es capaz de reconocer la necesidad de una mujer a su lado, que entiende la delicadeza y la fuerza de ese ser y es capaz de hacer lo que sea, o por lo menos intentarlo por ver feliz a esa mujer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario